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MELÓN

MELÓN

Decimos que un melón está “pepino” cuando aun no ha madurado lo suficiente para adquirir su típico sabor dulce, que lo convierten en una de las frutas más jugosas, refrescantes y consumidas durante el verano. De hecho, el melón y el pepino pertenecen a la familia botánica de las cucurbitáceas (como la sandía y la calabaza), que son plantas de tallo rastrero de rápido crecimiento, como podemos observar también en el tamaño de sus frutos. Se cree que sus orígenes son africanos, desde donde pasó, hace milenios, a Egipto, la India y Tailandia.

Llegaron a Grecia e Italia en tiempos de Cristo y a España a través de los árabes. En aquellos tiempos eran pequeños como una naranja y nada dulces, por lo que los romanos los consideraban una hortaliza que condimentaban con vinagre y pimienta. Gracias a la práctica de sucesivos Cruces (hibridación) fueron ganando volumen y dulzura, hasta convertirse en las sabrosas y múltiples variedades que existen en la actualidad. Esto nos permite disponer de ellos, prácticamente, durante todo el año, aunque la mejor época se sitúa entre abril y octubre. su nombre procede del latín me/o, abreviatura del griego clásico me/opepðn (manzana grande).

Los melones presentan una proporción muy elevada de agUa (90-95%), por lo que no es recomendable tomarlos como postre después de una comida copiosa, ya que diluyen demasiado los jugos digestivos, entorpeciendo la digestión del resto de los alimentos ingeridos. Es preferible, pues, comerlos solos o antes de las comidas, como antiguamente se hacía. Aportan azúcares naturales en una proporción moderada (5%), como moderado es su aporte vitamínico (vitaminas C, BI, B6, ácido fólico) y betacarotenos, (sobre todo los de pulpa anaranjada) y mineral (potasio, hierro, magnesio). A pesar de ello, la pulpa de los melones nos ofrece mucho más que agua simple, resultando un buen remedio en casos de deshidratación por diarrea, estados febriles y tras toda sudación excesiva. Preferible, desde luego, a la ingesta de cualquier bebida isotónica comercial.

La composición nutricional de los melones hace de ellos un buen remedio para favorecer la función renal, por lo que resultan especialmente indicados (gracias a sus efectos alcalinizante y diurético) en quienes padecen infecciones urinarias con frecuencia o cálculos urinarios de ácido úrico, así como en los estados incipientes de insuficiencia renal.

Los melones no maduran bien fuera de la planta, por lo que si los guardamos a temperatura ambiente solo conseguiremos ablandar su pulpa, pero no mejorará su sabor. Para saber si están en su punto algunos desprenden un agradable aroma en su vértice (“el melón se huele por el pezón”), se hunde un poco el dedo que presiona sobre el vértice del rabillo y no deben resonar al golpearlos con los dedos.

Extraído: FRUTAS PARA LA SALUD ,FREDERIC VINYES, FLOR DE LOTO

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